Raquel Arbeteta

Me gusta escribir

Categoría: Sobre… lo que sea Página 1 de 3

Suerte ~ 2023

A veces tengo que tocarme la cara para recordar que existo. Para asimilar que soy un ente tangible y no un montoncito de pensamientos de humo encerrados en carne.

Es una manía. Sé lo que hay debajo de la piel. Todas las fibras entretejidas, las células distintas, los microorganismos sin núcleo aparentemente ajenos al ser humano pero tan nosotros como las neuronas que ordenan moverse a mis dedos al teclear. Aun así, a pesar de haber descifrado y estudiado todos los mecanismos lógicos tras mis acciones (por qué sudo, por qué siento dolor, por qué soy capaz de ver en colores), sigue habiendo una suerte de misticismo en mí que soy incapaz de explicar.

No os confundáis, no creo en Dios. Pero cuando escribo, me parece que si existiera estaría tan lleno de dudas como un autor cualquiera. Este personaje que he creado, ¿es coherente? Lo que dice, ¿tiene sentido? Sus acciones, ¿serán juzgadas con dureza o le querrán? Me imagino a Dios dándole vueltas a Jesús antes de plasmarlo en la página que era Galilea por entonces. “No va a calar”, pensaría. “No existe nadie que proteste tan poco cuando va a ser sacrificado”. Le salió bien. Al parecer al pueblo le gustan los dolientes. Nos gusta ocupar el papel de villanos. Al fin y al cabo, su libro es el más vendido de todos los tiempos.

Hace doce meses, hablaba de mí misma al final de este año. Me imaginaba haciendo recapitulación de 2023. Para cumplir esa especie de predestinación, lo haré: este año ha sido duro, raro e intenso, pero no malo. He estudiado más que nunca, he aprobado una oposición que no me ha valido plaza, aunque sí un trabajo a diez minutos de casa y a tiempo completo que me aburre soberanamente.

Nunca me había aburrido mi trabajo como profesora.

No me quejo. No puedo quejarme. Hay destinos peores.

“El peor trabajo del mundo. El mejor trabajo del mundo”.

Sí, tenían razón.

Mis libros han gustado a la gente y para mí es suficiente. Hace un año y poco recibí un correo devastador de una editorial desgarrando con crueldad no solicitada un manuscrito mío. Habría bastado un “no nos encaja”. En ese momento, leer esas palabras me hundió. Hoy las tengo tatuadas. Lo peor que puede pasarme es que alguien me grite a la cara que soy basura, y ya lo han hecho. Ya no habrá cicatrices nuevas sobre esa, así que no dolerá.

Voy a escribir lo que quiera como quiera siempre que me sea posible. Solo por haber llegado a esa conclusión, estos meses han valido la pena.

Hablaba con una amiga hace poco sobre el cambio que había obrado en nosotras este último año de contacto estrecho con editoriales. “Esos personajes divinos que creíamos son tan idiotas como nosotras”. Digamos que las editoriales no las dirigen dioses, solo personas. Y a menudo, cuanto más arriba, menos percepción tienen del suelo.

Es reconfortante ver a los dioses sangrar y sudar. Una sabe qué tejidos los conforman, qué sustancias segregan, qué células se apelotonan en sus venas, y eso ayuda a dejar de tenerles miedo.

He tenido más contacto con lectores (lectoras, si somos justos) este año más que ningún otro. Me han animado los días, han hecho que creyera más en mí. A veces llego a creer que tengo talento cuando leo lo que me dicen. Les estoy muy agradecida. A ellas, a mis amigas, mi familia, mi pareja. Año tras año, temo que alguien se caiga del barco pero la buena gente sigue ahí. Las charlas eternas, las visitas fugaces, los abrazos apretados y los planes irregulares.

Digamos que si tuviera que resumir el 2023 en una frase sería esta: soy afortunada.

Sí, la suerte es inexplicable. E intocable. No es tangible. Ni siquiera existe. Pero, ignoro por qué, la tengo.

Y la aprovecharé mientras pueda.

Emotional sickness

Soy opositora desde hace tres años y escritora desde hace mucho más tiempo, pero, profesionalmente, también desde 2018. Opositar es un proceso duro y solitario, con escasas oportunidades y todavía menos probabilidad de éxito. En este sentido, se asemeja a la carrera literaria. He avanzado en ambas poco a poco, hasta que he podido trabajar como profesora y ver algunas de mis historias publicadas a la vez.

Siempre he sido una persona fuerte emocionalmente; perdí mi hogar, la lejanía de mis únicas amistades, dejé un trabajo bien pagado para arriesgar por mi futuro, desde niña me convertí en una de esas amigas que escuchan a las demás, en vez de al revés, que ha intentado ser el hombro y el bastón. Nunca me ha importado, más bien al contrario; disfruto ayudando a los demás y anteponiéndoles a mis deseos.

Por eso, cuando poco a poco he sentido que ni siquiera podía controlar mis propios sentimientos, mis inesperadas ganas de llorar, de encerrarme, de no comunicarme…, me he asustado. Nadie es tan fuerte como para mantenerse estudiando tres años durante más de cinco horas al día, escribir veinte relatos y siete novelas, trabajar con adolescentes, sobrevivir a una pandemia y creer que todo eso no le va a afectar.

Este verano he empezado a reconocerme a mí misma que sí, que me ha afectado. Que tengo energía, pero no tanta. Y que tengo que ser mi propio bastón.

Por suerte, tengo familia y amigas y compañeros que me han devuelto las horas que pasé escuchándoles y que ahora tratan de hacer lo mismo conmigo. Y, afortunada, el papel en blanco también sirve como escuchante; escribir me ha servido como exorcismo de mi ansiedad.

Ahora estoy trabajando en la tercera parte de una trilogía histórica y tengo dos proyectos contemporáneos que la seguirán, a los que tengo muchas ganas de hincar el diente. En una semana, publico con Ediciones Freya una historia que significa mucho para mí, en parte porque representa el esfuerzo que hice y hago para que se escuche mi voz: Cielo Hendido. Viene acompañada de una edición y maquetación preciosa, mucho cariño y algunas novedades que desvelaremos poco a poco. ¡Me hace muy feliz! Estad atentos para no perderos nada, porque septiembre está a la vuelta de la esquina…

Y septiembre siempre ha sido enero para mí. Una nueva oportunidad, un comienzo sin mancha ni cargas emocionales a la espalda.

Una hoja en blanco que llenar de lo que quiera.

Nos leemos~

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