Raquel Arbeteta

Me gusta escribir

Encontrar tu sitio

Últimamente solo subo entradas sobre mí, mí, mí. Claro, que estamos en una web bautizada con mi nombre. El puro egocentrismo digital. Así que, sin más dilación, vamos allá.

El jueves 18 de febrero, la editorial Dorna publicó la portada de mi novelette Te traeré a casa. Tanto en Twitter como en Instagram, la respuesta de la gente superó nuestras más increíbles fantasías, y todos los mensajes me llenaron de energía (y de lágrimas).

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Pero eso no fue todo. Mi editora, Elia, y la ilustradora de la portada, Gin (@eicinic), habían preparado otra sorpresa. Una ilustración de mis dos protagonistas, Lyra y Dikê, juntas, sentadas en su moto y besándose. Fue una de las ideas que habíamos barajado para la portada, aunque nos decidimos por la de ellas casi cogidas de la mano (la definitiva), porque resultaba más dinámica y sugerente.

Así que, por su cuenta, realizaron esa ilustración para «regalármela» e, igual que a mí, a todos aquellos que comprasen la novela corta en su periodo de preventa (del 23/02 al 07/03).

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Y, tras esta larga introducción (que me moría por escribir porque estoy tan agradecida como emocionada), vengo a hablar de encontrar nuestro sitio en el mundo editorial.

En el «litetwitter», como suele llamarse, se habla mucho sobre este tema. ¿Vale la pena publicar? ¿Cuándo, de qué manera, con quién? ¿Qué porcentaje de royalties te corresponden, cuáles son los «justos», hay que luchar a muerte por ellos? ¿Qué ventajas te aporta una editorial pequeña frente a una mediana/grande, y viceversa?

No sé la respuesta a ninguna de esas preguntas. No existe una, en realidad.

Yo soy una cría, editorialmente hablando. En términos cósmicos, más todavía. Una pulguita que se emociona hablando de su primer año como escritora publicada. Pero creo que hay gente ahí fuera a la que quizás le ayude escuchar mi experiencia. O, al menos, le permita despejar alguna duda.

En mi opinión, en general los escritores tenemos unas ganas locas de publicar. Tenemos mucha prisa. Puede que demasiada. Las redes sociales nos presionan aunque no seamos conscientes de ello. Recibimos a diario un montón de información, tweets e imágenes sobre autores de todo tipo que están publicando, autopublicando y escribiendo TODO A LA VEZ. No ves el esfuerzo que ha habido detrás, solo los resultados de esa gente. ¡Y menudos resultados! Y si tú no estás haciendo ninguna de esas cosas en ese momento, en ese mismo momento, piensas HORROR. ME QUEDO ATRÁS. HE PERDIDO EL TREN.

Lo sé. Yo también lo he pensado. Lo seguiré pensando, de hecho. Aunque seas consciente de esa presión social (que no es culpa de una persona, ni de varias, ni de un grupo; no es culpa de nadie), eso no impide que te derribe de vez en cuando. Tampoco dejará de atormentarte si borras tus redes y te metes bajo el colchón. Por mucho que tus ojos no vean, tu corazón sí lo siente.

Mi consejo es que batalles a muerte contra esos monstruos: antes de pensar en una casa para tu historia, preocúpate por tu creación primero. ¿Estás orgullosa de ella? ¿Podría mejorar? ¿Le has dado tiempo para que repose? Y si todas las respuestas son , la siguiente es, ¿la quieres? ¿Lo suficiente como para demorarte en buscarle una buena casa? Porque no, no tienes prisa por publicar. A lo largo y ancho de la historia hay ejemplos de escritores que han triunfado con su primera novela a los dieciocho y otros que lo han hecho a los treinta, otros a los cuarenta, etc. La mayoría no lo hicieron con su primera novela, además. Así que: que nada ni nadie te haga creer que estás perdiendo ningún tren, porque no los hay. Hay libros a espuertas y habrá lectores, hoy, mañana, y dentro de veinte años. No estás perdiendo oportunidades, estás esperando el momento perfecto para tu historia perfecta.

«¡Oh, no! Esta editorial tan tocha ha abierto convocatoria de manuscritos y esta otra un concurso, ¡mandaré allí a mi querida hija, la recién nacida novela, sin más armas que MI ESPERANZA!».

Tal vez no sea buena idea. Y no lo digo porque tu novela no valga la pena, porque es probable que sea una buena historia. Pero a lo mejor esa editorial no sea la mejor opción para tu trilogía steampunk si solo publican contemporánea. O puede que en sus bases indiquen que si tu novela compite a la vez en un concurso no puedan valorarla, y tú le has puesto ojitos a uno en el que tu creación puede encajar mejor. O tal vez, solo tal vez, te has metido prisa para terminar tu historia y poder enviarla, pero sabes que no está en su punto ideal.

Así que mi primer consejo es: mima tu novela. ¿Por qué lo digo? Porque a mí me ha pasado. He enviado novelas que sabía que no eran perfectas (al menos, para mí), por el simple hecho de publicar lo antes posible, o al menos por tener la oportunidad de hacerlo. ¿Cuál fue el resultado? Que me rechazaron. Muchas veces. Y, ¿sabéis qué? No puedo estar más agradecida. ¿Qué hubiera supuesto publicar a los 20 años una mala novela? ¿O publicar a los 25 otra con tintes demasiado oscuros o con personajes más planos que un disco? Nada. Me hubiera aportado la felicidad momentánea de quien pide una chorrada a Aliexpress y lo recibe el mes siguiente. La alegría dura poco, y con el tiempo te preguntas, ¿por qué me di prisa?

¿A qué viene baby yoda? A que he escrito mucho y había que meter una imagen para respirar. Y además es monísimo, miradlo.

Tal vez a ti no te pase (o no te haya pasado). Pero yo agradezco a todas y cada una de las editoriales que me rechazaron en su momento. De igual forma que le doy las gracias a todas las que me dijeron que sí el año pasado.

Tras mimar tu novela y estar segura de que la quieres a rabiar, mi segundo consejo es: búscale un buen hogar. Investiga qué editoriales publican a autores noveles si tú lo eres. Apunta las que van a abrir convocatorias en las que podría encajar tu historia. Revisa qué géneros o tipos de novelas suelen sacar, ¿la tuya encajaría? Y cuando tengas varias casas en mente, envía tu novela a todas a la vez si es posible. Las editoriales tardan mucho en contestar, si es que lo hacen, y no quieres dejar todos tus preciosos huevos de oro en una sola cesta. Aunque luego muchas de esas casas no acepten tu grandiosa novela, al menos estarás segura de que, si te hubieran dicho que sí, habrían sido un buen hogar.

¡Ah! Tampoco descartes la autopublicación, en cualquiera de sus formas (Lektu, Amazon, Wattpad, etc). Tú te lo guisas y tú te lo comes, y a veces no hay mejor hogar que el que uno se construye, sobre todo si tienes las herramientas y el arrojo para crearlo.

Mi tercer consejo es: apoya a tu comunidad y deja que los escritores que te rodean sean felices.

¿Tú no has publicado? No pasa nada, no te compares jamás. ¿Crees que la escritora Pepita está publicando por enchufe o porque está desesperada? ¿Crees que ha firmado unas condiciones que tú no estarías dispuesta a firmar? No eres ella. Publicarás, cuando llegue el momento, si lo sigues intentando; créeme. Además, no sabes las circunstancias de ese autor o autora, no sabes cuántos callos tiene en los dedos o qué ventajas le ofrece esa editorial en concreto (más distribución, un escaparate más grande, más flexibilidad a la hora de corregir, de publicar como ella quiere, más contactos, una primera experiencia para romper el cascarón, que llegue a Latinoamérica, etc.). Así que no juzgues. Deja que los escritores que te rodean sean felices, alégrate por tus éxitos. Porque, en el fondo, un autor novel abriéndose paso allana el camino a los que están detrás.

Así que mi resumen es muy simple… Mima tu novela, búscale un buen hogar y siéntete orgullosa de estar donde te encuentras: a un paso de continuar emocionándote por crear. Porque esa es la razón por la que empezaste.

Ese es tu sitio.

Nos leemos~

Quererse

No puedes querer a nadie, al menos de verdad, hasta los huesos, si no te quieres a ti misma.

No digo que yo lo haya conseguido del todo. Estoy en ello. Jamás me ha costado decirles a los demás que los adoro, que me hacen feliz, que les echo de menos. Me enseñaron a no contener ese tipo de sentimientos, a abrir la compuerta y dejarlos escapar sin contención, a llorar a lágrima viva y reírme hasta que doliera la tripa. Pero no me enseñaron cómo reírme conmigo misma, enamorarme de mis logros o sentirme orgullosa de ellos. Siempre hay un aguijón infatigable que me recuerda que no debería ser engreída, que por delante de mí van todos los demás, que no puedo quererme demasiado.

¿Cómo se logra eso? Quererse demasiado. Suena hasta algo obsceno. No creo que sea una posibilidad para mí.

Por eso, querría demostrarme a mí misma con un pequeño acto que, si no mucho, sí que estoy orgullosa por algunas victorias que he conseguido. Son noticias recientes, pero que llevan detrás el peso de un trabajo y un esfuerzo invisible, de mañanas tecleando, tardes corrigiendo y noches ideando.

El año pasado escribí en plena pandemia global y confinamiento nacional una novela. Se llama Entre dos promesas y, menos de doce meses después, está publicada. Con Selecta, un sello de PRH, y la gente la ha leído ya. Guau. La han leído y no han venido a tirarme piedras a mi casa. De hecho, me han enviado mensajes preciosos sobre ella. Me han contado cómo les ha emocionado, qué personaje es su favorito, cuánto tiempo han tardado en leerla. Y yo no puedo ser más feliz, aunque me nuble —como siempre— esa niebla que empaña los mensajes con sospechas de mentiras y me taladre ese aguijón del síndrome de la impostora.

Pero, no importa cuánto me sabotee, la realidad es que la novela está ahí, al alcance de cualquiera, y es fruto de un esfuerzo real que determinadas personas han apreciado.

Aquí está, por cierto.

Llegó al top 5 de Amazon en
«Romance histórico para jóvenes»

Por otro lado, ayer, 13 de febrero, una editorial, Dorna, anunció que en diez días empezaría la preventa de Te traeré a casa. Y resulta que esa novela corta la escribí yo. Hace todavía más tiempo, cuando la enfermedad que ha tambaleado los cimientos de nuestra sociedad “del bienestar” no existía. Es una novelette que reinterpreta uno de mis mitos favoritos, el de Orfeo y Eurídice, solo que en una ambientación cyberpunk y con dos chicas maravillosas que están, por supuesto, enamoradas hasta las trancas.

Una ilustración realizada por @yuramoonbow de Lyra, la protagonista de Te traeré a casa

Yo llevo enamorada de la mitología griega desde que tengo memoria. Simboliza la unión que tengo con mi familia, con mi padre, con mi hermana, me lleva a las cenas de tortilla de patata mientras jugábamos a enumerar los hijos de Zeus, sus amantes, las islas en las que desembarca Ulises, las doce pruebas de Hércules. Llevo escribiendo sobre esos mitos desde entonces, y aunque autopubliqué un relato en 2019 sobre Hera, quería ir más allá. Deseaba escribir una historia más larga que consiguiera que los demás también se enamoraran de los mitos griegos. Que los leyeran desde otro prisma y entendieran mi fascinación.

Y en diez días la gente podrá decidir si quiere hacerlo, podrá reservar la novela que cuenta la historia de Lyra y Dikê. A veces me pellizco mentalmente, porque no puedo creérmelo.

Y, para finalizar, quiero recordarme que me quiero porque no me rindo. Porque, y esto me lo pregunto cada día, si saliera de mi cuerpo y me conociera… ¿me caería bien? Y, joder, la respuesta es que . Me sacaría de quicio a mí misma, pero pensaría que, por muchos defectos que tuviera esa chica del apellido raro, tiene una risa contagiosa, sabe muchos artículos de la Wikipedia y no se cansa de escribir. Creo que me tomaría un café conmigo y me escucharía con atención.

Eso es lo que hacemos, en el fondo, los escritores. Dejando a un lado nuestras eternas inseguridades, nos encanta escuchar nuestras propias historias. Para eso las ponemos en papel.

Así que hoy voy a decidir leer todo esto y pensar que me quiero. Un poquito.

Y que por eso estoy lista para querer a los demás.

Nos leemos~

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